Ay, sólo a Juan le pasa


Juan ya estaba cabreado con esta incómoda situación para normal, así que fue a buscar a un exorcista.

El pobre cura salió corriendo del lugar, gritaba, Más demonios no! Piedad Señor!

Así que Juan fue a buscar a un demonólogo y éste exclamó, Madre de Dios! Qué aberración es esta?! Yo me largo de aquí.

Así que a Juan no le quedó otra opción más que armarse de valor y encarar al esbirro demoníaco ese.

– Si el gran problema aquí son tus manos heladas.

Luego de tan elocuente discurso de Juan, el demonio se calentaba las manos antes de acariciar a su mujer.

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