Los Pecados de la Soledad


La primera semana de internos en el Seminario, el Padre Gabriel les dijo, Aléjense de los pecados de la soledad.

Todos se abocaron a sus estudios hasta que llegó el Domingo.

Javier estaba sólo en la habitación cuando le tocaron la puerta.

– Adelante.

Entró una mujer de unos cuarenta y siempre años.

– Veo que usted es nuevo. Si quiere terminar sus estudios aquí le aconsejo use un cinturón de castidad.

Javier no salía de su asombro cuando la mujer sacó uno de su bolso y le conminó a que se lo pusiera dándole la espalda. El hizo lo propio y se lo puso.

– Y ahora?

– Deme la llave.

Él obedientemente lo hizo, sin cuestionarse la situación. Ella abrió la boca y se la tragó.

– Ahora serás muy obediente con mami si quieres que tu pajarito salga de esa jaula algún día.

A la mañana siguiente, en las duchas luego de la gimnasia, Javier descubrió que todos sus hermanos llevaban ahora un cinturón de castidad.

Al regresar de las duchas el Padre Gabriel los esperaba, Qué les dije? Aléjense de los pecados de la Soledad, ella es implacable. Dicho esto se desnudó y se fue a las duchas con su cinturón de castidad.

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