El cronovisor


Federico logró entrar a una bóveda del Vaticano y entre las joyas que lo tentaron encontró un raro aparato.

Su curiosidad fue más fuerte que su buen criterio y encendió el cronovisor.

Allí ante sus ojos estaba Jesús dándo el Sermón de la Montaña. Pero claro, Federico no hablaba arameo, así que no entendió nada.

Movió el “dial” y llegó a ver a Hitler, formando el Vril, pero nuevamente no entendió nada.

Pensó que eran simples vídeos, pero aún así avanzo hasta el presente y dos horas más.

Entonces se sorprendió. Se vió a sí mismo entrando en su casa. Allí estaba su mujer con un amante. Loco de furia los mató a ambos.

Sin dar crédito a lo que veía, adelantó el cronovisor un poco más. Se vió en la cárcel. Abusaron de él. Y al ver su suicidio apagó el aparato maldito.

Al día siguiente el Camarlengo encontró a un nuevo ahorcado con el cronovisor a sus pies; Nadie lo resiste.

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