De vísceras no sabemos


Dos pololos.

– A qué no te tragas el plátano entero.

– No gracias.

– Escuché que te decían la tragasables.

– Ah si? Bien, ya verás, pero ni pienses que haré otra cosa.

Ella desenvainó el plátano y con gran técnica se lo tragó de una sola engullida.

– Entonces es cierto!

– Ya te dije, no tendrás nada más por gilipollas.

Lo que ambos desconocían es que ese plátano tenía un parásito dentro y que gracias a su envoltura logró alojarse perfectamente en sus intestinos.

Al día siguiente la pobre chica despertó en un baño de sangre. Algo se había devorado a su novio. Lo que no imaginaría nunca es que había sido ella. Bueno, tal vez lo comprendió cuando se vió en el espejo, pero para entonces ya no era ella.

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