Chicos, los huevos!


Mia Shalar vió con agrado la campaña de Artetásticas y decidió hacer lo suyo contra el cáncer testícular.

Llamó a un grupo de sumisos para pintar sus huevos en su calabozo personal, que entre otras cosas contaba con una camilla ginecológica.

Los chicos llegaban depilados y ella amarraba las cabezas con un lazo de seda a la cintura, mientras pintaba sus obras con pincel.

Todos los chicos se empalmaban, y ella lo permitía, facilitaba su obra.

Algunos entraban en convulsiones y ella lo permitía y acentuaba con sus pinceladas.

Algunos no aguantaban y decoraban su obra con un bello gkaciado. Ella lo permitía porque probaba el valor de su obra.

Y al final ella se reservaba el derecho de limpiar su obra. Era una golosa.

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