Neandertal


Gruh, como todas las mañanas besó a su hembra e hijos, se despidió del abuelo y salió a cazar.

Tuvo un mal día, esa fue la verdad, la comida no alcanzaría para todos, mañana tendría que esforzarse al doble.

En la última vuelta, antes de llegar a su hogar, se le cruzó una figura estilizada que nunca antes había visto, era un homosapiens.

Sintió miedo, nada común en él, pero algo le advertía que la situación no pintaba nada bien.

Cómo primera media alzó sus brazos y dio su grito de guerra, pero el otro ágilmente se agazapó en una posición que no conocía.

Su segunda medida fue atacarlo con su mazo, pero el otro no sólo lo esquivó sin problemas sino que le dió un fuerte varillazo en la espalda que le hizo caer al suelo. Sintió temor, pues sabía que caer era morir.

Levantó la mirada y vió al otro muy erguido, animándole a ponerse de pié.

Sin dudarlo, se incorporó y volvió al ataque. El otro lo esquivó nuevamente, lo tomó del brazo y le hizo rodar hasta el piso, clavándole su lanza.

Gruh, pensó en su hembra, su familia, qué sería ahora de ellos?

Esa noche no llegó Gruh. Esa noche llegó Adal.

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