Las pinzas y mi Harley Quinn


Cierra los ojos; fue lo primero que me dijo y luego comenzó a desnudarme sobre mi cama.

Ahora quédate quieto; y acto seguido comencé a sentir pellizcos, decenas de ellos.

Ya puedes abrir los ojos; fue como ver un desierto de cactus sobre toda mi piel con esas pinzas que no perdonaron nada, ni siquiera la punta del obelisco sagrado.

Cierra los ojos por última vez; sentí que rozaba las pinzas, una por una.

Ya; a esta exclamación le siguió una risa. La ví parada en el dintel de la puerta con una cuerda en su mano que se unía a cada pinza.

No terminé de gritar NO! cuando se puso a correr. Fue un rojo muy intenso.

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