Historia de un bar


Una tarde cualquiera, en un bar cualquiera, de esos que se eligen al azar, Domingo de cincuenta y poco, y Benjamín de treinta y siempre, disfrutaban sus copas, entre risas y complicidades.

Pero en lugares así, las cosas no siempre resultan como se piensan.

Unos desconocidos, cuatro, se les acercaron para compartir. Y lo que podría haber sido un momento de mayor algarabía, se convirtió en una catástrofe total.

– Señores, estamos bien solos, así que les agradeceré que se retiren.

Eso bastó para encender la pólvora del ambiente.

El mayor dió un giro brusco y de un sólo golpe tumbó a Domingo. Benjamín sintió una fuerte carga de adrenalina al ver caer a su Amo, pues nunca lo había visto en una circunstancia así y no sabía si podría resistir la tormenta que se descargaba.

Dos de los hombres agarraron a patadas a Domingo, mientras Benjamín luchaba contra los otros dos y les sacaba ventaja, como era de esperarse por su experiencia en Muay Thai.

El asunto se complicó en extremo cuando los cuatro hombres arremetieron contra Benjamín que ya daba señales de cansancio a pesar de estar acostumbrado a estas lides, ya que había recibido golpes muy certeros.

Entre los cuatro lo sometieron y lo subieron a la mesa para partirle una silla sobre la cabeza.

Benjamín, sólo cerró sus ojos ante lo que sería su final y lamentó no haberse despedido si quiera de su Amo como correspondía. Pero acabado este pensamiento aún no sentía el golpe.

Pudo escuchar cómo se rompía la silla y al abrir sus ojos vió retrocediendo la pierna de Domingo cuál látigo, para golpear al de la derecha y luego al de la izquierda.

– Sólo quedas tú.

Domingo miraba con absoluta serenidad al cuarto hombre que lo miraba atónito.

– Benja, es tuyo!

Eso era todo lo que necesita oír Benjamín, quién cómo un resorte se reincorporó y defenestró al cuarto tipo.

– Es el momento de correr sin pagar.

Ambos se escurrieron entre el desorden que se armó y corrieron como galgos tras un conejo, pero por sus vidas.

Benjamín estaba muy emocionado, pues vió que aún le quedaba mucho por aprender de su Amo. Qué entrenamiento tenía él que se desplegó con tanta habilidad y fortaleza? Sin duda tenía más maestrías y como buen aprendiz pronto se entregaría a su entrenamiento.

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