Extrema unción


Pancracio, en su lecho de muerte, mandó llamar a un cura.

  • Padre, he pecado mucho. Dormiré con muchas mujeres, jovenzuelos, perros y ángeles. Robé a jubilados y ciegos. Maté niños y animales mayores.
  • Te arrepientes?
  • Sí, mucho.
  • Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

Demás está decir que Pancracio se murió esa misma noche.

  • Qué es esto – gritó con horror.
  • Te diría que es el Infierno del Jardín de las Delicias, pero tú ya lo sabes. Y ahora viene lo de siempre.
  • Pero cómo? Si me confesé y el cura me perdonó.

El diablo se largó a reír y luego de un minuto continuó.

  • Perdona, pasa todo el tiempo y siempre me causa mucha gracias. En verdad sois tan ingénuos? Ahora date vuelta, te sumergiré el primer siglo en este excrementos milenario, para que medites sobre tus pecados. Luego saldremos de paseo por el Infierno de Dante, te prepararemos un cupo especial en el último nivel, pero al final de todas tus estaciones.

Y de Pancracio nunca más se supo.

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