El anillo y el testamento


Cuando llegó el momento de la lectura del testamento, todos ansiaban llevarse una buena parte de lo bienes del difunto.

Lo único que recibió Benjamín fue un anillo de latón. Mientras lo iba a tomar podía escuchar las risas a su espalda.

Salió muy furibundo, dispuesto a tirar esa baratija. Pero una lágrima corría por su mejilla. El realmente lo quería y estaba seguro de que ese cariño fue mutuo.

A pesar de los buenos recuerdos, no podía recordar haberle visto ese anillo.

Al cruzar la calle vió los autos de esos malditos que se burlaron de él. Así que sin remordimientos, se puso el anillo dispuesto a dejarles un recuerdo.

  • Cómo quiere que sea?
  • Qué?!

Una voz profunda y muy oscura inundó su mente. Y de susto empezó a hablar.

  • Quién habla.
  • Abna-mu.
  • Quién eres.
  • No quién. Qué. Soy tu anillo, legado por tu abuelo y a él por su abuelo, como ha sido por setecientos años, entre abuelos y nietos.
  • Eres un anillo mágico?
  • La magia es parte de la alquimia, y yo soy una consciencia elemental forjada para hacer cumplir la voluntad del Amo. La tuya.
  • Alquimia. Algo así como el poder de la piedra filosofal?
  • Algo así.
  • Pero, cómo es que tienes consciencia y hablamos?
  • Alquimia.
  • No, recuerdo que mi abuelo me contaba historias y la alquimia no es así. Más parece a las historias de encantamientos, de objetos diabólicos poseídos por entidades.

Hubo silencio. Las puertas puertas de los autos se rerorcieron.

  • Así está bien?
  • Cuál es el trato?
  • Soy un objeto sagrado y necesito sangre para poder cumplir tus deseos.
  • Mi abuelo fue bueno, el no hacía daño a nadie. 
  • Él fue más astuto que los anteriores y al parecer tú también.
  • Entonces cómo lo hacía.
  • Para el sacrificio de sangre es indiferente su origen. Tu abuelo lo entendió y sus ofrendas siempre fueron justas.
  • Ya entendí.
  • Entonces, las puertas están bien?
  • No, ahora quiero que el máximo dolor para esos canallas.
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