Padre, ayúdeme


  • Padre, no sé qué me pasa, pero no me puedo mover.
  • Tranquilo hijo. Tú los puedes vencer.
  • A quiénes? Qué me pasa.
  • Bueno, no los veo con claridad, pero están ahí, alimentándose de tus penas. Deja de sufrir ahora y te abandonarán.
  • Es que no puedo.
  • Sí que puedes. Son esas cosas las que te hacen sentir así. Sonríe!

El pobre hombre esbozó una sonrisa y sintió algo de alivio.

  • Ahora camina y entra a la iglesia.

Una nueva sonrisa por cada paso y entró. Mientras que las entidades huían hacia todos lados.

  • Me ha salvado.
  • No hijo, tú te has librado por ahora, pero volverán.
  • Y qué debo hacer entonces?
  • Sólo debes ser feliz 
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