La reunión


Eran las 20:00 y el ring del timbre se escuchaba por última vez. Era la última en llegar, pero en punto como había prometido.

La reververancia de aquella antigua casona patronal era excepcional. Es por la madera de acacia, eso decían.

  • Este es un lugar consagrado.
  • Perdone Usted? – Wilson, el mayordomo era muy apegado a los buenos modales.
  • Vengo a la reunión, soy Madame Silvia, teósofa y médium. Ellos me esperan.
  • Sí, la médium – una carraspera – pase Usted Madame.

La médium arqueó una ceja y entró por un fino corredor de madera, tenuemente iluminado con leds.

Ya en el comedor se encontró con el ruedo de los siete epoptas. El octavo puesto la esperaba.

Observó detenidamente, el candelabro de tes luces, la sal y el mercurio, y por supuesto, la copa de Vodka.

  • Está todo cómo Usted solicitó, Madame.
  • Así veo. La pregunta es, los siete son iniciados?
  • Pues sí. Tenemos un rosacruz, templario, masón, luciferiano, gnóstico, martinista y de la hermandad blanca.

Mándame Silvia, se acercó a cada uno y los saludo de acuerdo a sus prácticas, costumbres y grados.

El grupo quedó muy sorprendido, porque de esta forma ella comprobaba su iniciación en todos los ritos.

  • Supongo que al menos hay 3 escépticos.
  • Hablemos  4 Madame.
  • Acaso Usted Señora?
  • Sí. Aunque le parezca raro, siendo yo la que los convoqué a todos. Pero esta fue la última voluntad de mi difunto marido.
  • Su marido, sí. Un octogenario masón. Venerable Maestro del rito egipcio.
  • Un masón irregular – respondió el Venerable Maestro del Rito de Escocés -.
  • Supongo señor que Usted es del grupo escéptico también.
  • Así es Madame.
  • Y todos los demás fueron amigos del difunto, no?

Todo el grupo asintió.

  • Bueno – mientras se sacaba su abrigo y lo entregaba al mayordomo -, por favor guardemelo y cierre bien esa puerta.

La Madame Silvia sacó una vela roja y con ella dibujó un pentagrama sobre la mesa, dejando una vela en su cúspide, dos en los pies y la sal en un brazo, con el mercurio en el otro.

  • Ahora tómense de las manos y por nada del mundo se suelten. Esta será la cadena vital que mantendrá a salvo nuestras almas.

Ella se sentó y cerró la cadena.

Comenzó un rezo en latín que perturbó mucho al rosacruz y al templario.

Lo que todos distinguieron muy bien fue el término Bafomet. Sus miradas se cruzaron muy rápidamente con la de la anfitriona, a excepción del rosacruz y templario que habían tomado una postura hermética.

  • Hemos abierto por fin el Portal Sagrado, con el permiso de los Supremos que ahora nos observan y leen nuestros corazones.

Reinaba un profundo silencio, como ya no estuvieran dentro de aquella casona crujiente.

  • Señora Adelina, viuda de Tomás, Gran Iniciado en los Misterios. Para qué nos han convocado?

La viuda estaba muy nerviosa, pues aunque pertenecía a la Hermandad Blanca, nunca había sentido tanto poder, ni tan oscuro.

  • Mi marido pidió una última oportunidad para pedir perdón a todos los presentes.

Quienes mantenían sus ojos cerrados hasta entonces, los abrieron en señal de sorpresa y desconocimiento de tal propósito.

  • Por Poder de los Supremos te invoco Tomás! Toma mi cuerpo como si fuera el tuyo y háblanos.

La Médium guardó silencio, una tenue brisa proveniente de ninguna parte los recorrió a todos. La mesa comenzó a vibrar hasta llegar a Madame Silvia, quién de un golpe se puso de pie.

  • Hermanos – era una voz muy ronca – y esposa, les agradezco el cumplimiento de mi última voluntad. Debo eso sí pedirles disculpas, no por algo que les hiciera, sino por algo que voy a hacer.

Todos los presentes detuvieron sus miradas en la Médium.

  • En vida descifré un texto apocalíptico con Madame Silvia. Allí estaba además la clave para detener el fin por un lapso de mil años. Pero el asunto era que sólo un ser andrógino puede cumplir ese ritual.

El rosacruz y el templario volvieron a intercambiar sus miradas.

  • Así que hicimos un pacto. Afortunadamente fui yo el primero en morir. Y ahora es el momento de realizar un acto execrable pero necesario por el bien de la humanidad. Espero que ustedes sepan perdonarme.

Dicho esto último rompió la cadena, para luego arrojar la copa de bencina blanca sobre las velas.

Se armó tal incendio que todos huyeron por sus vidas.

Cuando llegaron los bomberos sólo quedaban los escombros y ocho almas en pena.

  • Qué fue lo que pasó aquí?
  • Yo no sé, estaba en la cocina, cuando escuché los gritos y vi las llamas. Mejor pregúntele a la señora.
  • Señora qué pasó?
  • Fue mi culpa, todo fue mi culpa. Nunca debí acceder a traer esa médium a mi casa.
  • Cuál médium?
  • Ya desapareció, nunca la volveremos a ver.
  • Tiene con quién quedarse?
  • Sí, con mis hijas.

Mientras tanto el rosacruz y el templario conversaban en un rincón.

El Martinica se dirigió al resto, al masón, al gnóstico y al luciferiano.

  • Está claro señores que los únicos que parecen entender un poco más lo que sucedió aquí son aquellos dos – lo dijo apuntando al rosacruz y al templario -.
  • Así parece – dijo el mason – entre locos se entienden.
  • Sé que para vos la racionalidad es lo primero, pero debemos reconocer que lo sucedido hoy la pone a prueba y creo que debemos hablar con ellos antes de llegar a un juicio.
  • Sinceramente crees que esto aguanta una explicación irracional?
  • Irracional no, pero es el momento de mantener nuestras mentes abiertas – dijo el luciferiano -.

… Continuará… Si quieren…

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