Segunda Inocencia


Buscando a Dios sólo encontré mentiras que a un niño pueden fascinar pero que como hombre son imposibles de aceptar.

Pero “Dejad que los niños vengan a mí” resonó desde un eco profundo y la Verdad se hizo tan evidente como la luz de un faro.

Me dí cuenta que podía aceptar creer en un Mensaje superior capaz de superar todas las diferencias y unir a los hombres en el Amor.

Elijo Creer.

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