El muro


Justo ese pefacito fue el que más sángre recibió a lo lar de la historia, por disparos o gente que se desangró en sus púas.

Era una auténtica reliquia de la muerte que ni para un museo era admisible.

Y ahora estaba en un simple velador. Eso era una tentación irresistible para algo tan cruel. Esa noche fue su festín.

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