Cuidado con los balines


Javiera encontró en el ático una vieja pistola a balines que había pertenecido a su abuelo, con 2000 municiones para cargar y una nota.

Tengan mucho cuidado con los balines, explotan con la carne humana.

El viejo fue un conocido alquimista, pero esto era un poco mucho.

Ella sintió una gran curiosidad al respecto y no aguantó ponerle un dedo encima a un balín. Cerró sus ojos y lo mantuvo firme.

Para sí misma sintió un gran alivio al ver que nada pasó, ni siquiera le dió la más mínima comezón.

Tomó 22 balines y fue a practicar su puntería. Esperaba ver algo extraordinario, pero no ocurrió nada diferente a lo que pudiera ser normal.

La pistola era hermosa, así que se la llevó para conservarla. Le interesaba seguir practicando sus tiros así que la dejó cargada.

Desafortunadamente esa noche un desconocido entró a robar. Ante los ruidos ella bajó a revisar premunida de su arma.

Javiera le advirtió que se fuera o le disparía. Él tipo la vió pequeñita y en camisón, por lo que absurdamente pensó que era un bluf.

El hombre se dirigió hacia ella. La pobre chica con el susto le disparó a la silla y eso sólo le causó risa al tipo que comprendió que era una vulgar pistola a balines.

  • Te voy violar tanto! Perra!!

El medio invadió a Javiera quién sin más dudas le disparó todo al fulano.

El primer balín le dió en una mano que explotó junto con un gran alarido. El segundo dió en una pierna, desmembrándola si más. Y el tercero le hizo volar la cabeza.

Sí, lo había matado.

Ella soltó el arma del susto y con horror contempló la dantesca pintura carmesí sobre sus paredes y ellas.

Como aún sentía mucha rabia, descargó sobre él los restantes tiros y lo pulverizó. Ese hombre nunca existió, salvo por el rojo del cuarto y sus fragmentos esparcidos por doquier.

Ella supo limpiar todo cuando recuperó la calma. Ahora esa arma le daba una sensación de invisibilidad que no sería nada bueno.

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