Contemplando la eternidad para siempre


La bala lo paralizó, en realidad lo mató, pero la horrenda impresión de la muerte instantánea congeló su alma.
Era un fantasma petrificado por el horror, por su cuerpo frío y en descomposición. Parecía una estatua vaporosa.
Ni la resurrección global lo pudo descongelar.

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