Sam, Sam Navajas


Una vez por semestre, Sam arrendaba el Calabozo del Bar Del Sublime Morir.

Sólo se le conocía por Sam, aunque el Somelier del BDSM había intentado en vano saber algo más de él. Pero fue el Cura Bedesmero quién finalmente lo bautizó como Sam Navajas.

Sam, como era su costumbre, escogía al azar a una sumi y se encerraba con ella por tres horas. Al final de las cuales siempre se veía la escena Dantesca del escape.

Al interrogar a la chicas si estaban bien decían que sí. Y al preguntarles por qué escapaban siempre respondían que esa fue la última orden de Sam.

Al querer saber más el hermetismo era absoluto y al preguntarles si lo volverían a repetir, todas respondían que “No, porque Sam es el límite de lo imaginable y lo imaginable no se puede superar cuando ya dió su última orden“.

Y al preguntarles que por qué respondían así, el remate sería: “Porque Sam es más torcido que un tobillo“.

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