El Príncipe de la Torre de Hanoi


Treinta discos de oro me regaló mi padre, con una misión sencilla, moverlos de su sitial al mío, sólo entonces podría gobernar mi reino.

Si trabajaba 16 horas diarias tardaría poco más de 51 años, y tan sólo tenía 16.

Así con el amor y su desdén, que de moverlo de aquí para allá y de allí para acá, se nos cuelan años entre los dedos.

48 años, y los movimientos aún no termino, falta menos creo, supongo, espero.

Quedará algo para amar, quedará algo de amor?

O solo un oro gastado por mis ojos que ya no añoro?

Anuncios