No existe tal cosa, espístola licantrovejuna


No existe amistad entre un Lobo negro como la noche más negra y una oveja más blanca que una nube, aunque negro y blanco combinen bien,

Si por casualidad se ven a los ojos, no existe amistad, sino combustión espontánea que Él disfruta a fuego lento.

No existe amistad entre un Lobo estepario y un mar de ovejas, aunque ese lunar se vea bien,

Si por casualidad se re-unen, no existe amistad, sino una tormenta de fuego que todo lo devora todo, a todos, a Todos.

Un Lobo siempre Lobo,

Una oveja no siempre…

Es que el Lobo es cazador por instinto,

Es que a la oveja a veces le falla ese espíritu de sentido común, de sensatez inmediata y pierde la supervivencia,

Pierde la cordura y hasta su lana,

Ella misma se trasquila para el Lobo, como si fuera una striper de níveos y curvilíneos bellones.

Todo por la locura de ese tal Lobo mal habido,

Que pensó era tan sólo su buen y prístino amigo, y tarde vio las cadenas del destino,

Allí, domesticada a sus pies, tiritando frente al Aura Perversa, sin saber si ese será el día.

El mundo se vuelve un subspacio cotidiano dónde el Lobo lo es todo.

No existe amistad, sólo un fuego bestial que desde dentro la va cocinando, dejándola a punto, como a Él le gusta.

Si por alguna rareza del mundo una oveja resultara Lobo, entoces no existe amistad,

Sólo dos fuerzas iguales, dos fuegos infernales que se desbordan, se domestican, se muerden, se lamen y se devoran, como en el Principio.

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