Bosca


Con los fríos que hacían, Juan le echó el último palo a la estufa de combustión lenta – Bosca – y se fue a dormir.

A las 2:34 se despertó por unos extraños golpes que venían de la Bosca.

Su sorpresa fue mayúscula al ver a un duendecillo de fuego tratando de salir de aquella prisión, por lo que golpeaba el vidrio templado con una braza.

El elemental – de la familia de las salamandras – al verlo le hizo un ademàn con los hombros como diciendo, Bueno vas a abrir o no.

Tal vez por lo raro de todo eso el hombre obedeció sin cuestionarse el asunto.

Al verse libre, el ardiente elemental se lanzó a correr, pasando por el living, comedor y los dormitorios, hasta desaparecer.

Los bomberos culparon de todo a Juan y la compañía de seguros se olvido del asunto. En todo caso no importó, nadie sobrevivió.

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