Tecnología del Dolor


En el siglo XXI un científico y metafísico logró crear un artilugio capaz de visualizar como si fuera una termografía el dolor humano y de cualquier ser vivo.

Fue REVOLUCIONARIO.

El Dológrafo se hizo rápidamente indispensable en toda clínica u hospital.

Era muy evidente que para una misma aflicción cada ser presentaba umbrales diferentes y por tanto el área de influencia del dolor era muy variable en tamaño e intensidad.

Fue una herramienta muy útil para detectar orígenes muy minúsculos hasta que se hizo evidente una verdad negada por la ciencia durante siglos.

El primer caso fue el de Wenceslao Matute. El pobre hombre llegó al hospital con dolores terribles que lo tenían en profunda agonía.

Los exámenes de ecotomografía y scanner no detectaron nada, pero el dológrafo sí. Tenía tres focos del nivel más alto de dolor cuya expansión conjunta abarcaba todo el cuerpo.

El problema era que esos tres centros de dolor eran nada. No tenían ninguna causa física.

Llamaron al padre del dológrafo y éste les dió una respuesta que no querían admitir. Cuando no hay una causa directa del dolor, por lo general se puede seguir un tenue hilo hasta alguna región del cerebro que sería responsable última de dicho dolor. Pero cuando ni eso se detecta, como en este caso, la única posibilidad que queda es la magia negra.

Los médicos se negaron a oir el resto de la explicación sobre el uso de tres agujas ritualísicas del vudú.

El pobre Wenceslao murió y su caso fue archivado.

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