Sombra, cruel destino


Mi sombra, degradada a mis pies, condena a arrastarse por el suelo y solo escapar de allí cuando alguna impía pared se lo permite, cae en profundos abismos cuando el nivel del piso desaparece.

Muere si salto en paracaídas y se desvanece, cuando en la oscuridad de la noche, apago la Luz.

Pero mi sombra, ríe en silencio a mis espaldas y piensa en un mudo suspiro:

Pobre mortal que hasta que no muera no sabrá apreciar toda la infinitud de la existencia, de la que yo sí gozo cuando el duerme, esa sensación oceánica de ser Uno con Todo y que él sólo se puede imaginar por una fracción de segundos en la Yoga, mientras yo tengo toda la noche, todas la noches y el resto de la Eternidad. Cruel destino el del pobre hombre.

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