Grimorio carnoso


El casto monje loco por fín terminó de tatuar todo el grimorio sobre la piel de la docella, pura y virginal como una paloma en un nuevo amanecer.

Para concluir su obra faústica era necesario conocerla y así acometió su ruin trabajo, el que concluyó con felicidad al tiempo que terminaba de recitar entre las juveniles exclamaciones.

El portal de Luz por fin se abrió y la jovencita lo cruzó sin temor.

El monje permaneció atónito, claro, ahora era tan obvio, quién posea el grimorio cruzará el Portal. Fue un simple error de traducción.

Ahora ya sabía qué hacer… pero ya no era virgen. MALDICIÓN!

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