La ampolleta


Cuando el no célebre pintor dadaista Sibarels pintó su no famoso cuadro “La Ampolleta” se desató una tormenta de críticas.

La imagen era muy simple, se veía a un anciano subido a una escalera con la clara intensión de cambiar una ampolleta quemada, y para ello llevaba en una mano la ampolleta de repuesto, mientras que la escalera estaba inclinada sin ningún punto de sujeción evidente. Esta imagen provocaba una gran sensación de incomodidad en el espectador, lo que se veía agravado por dos elementos adicionales.  Si la escalera caía siguiendo el arco del círculo, que se podía imaginar con centro en el apoyo del piso, entonces aplastaría a un gato, pero si se consideraba que la escalera no tenía dicho punto de apoyo entonces dicha base se deslizaría hacia el lado contrario y atropellaría a una ancianita que contemplaba el trabajo.

El debate sobre dicho cuadro fue creciendo conforme pasaban los años, ¿porqué lo hizo el autor, qué esperaba que sucediera, etc?, hasta que un buen o mal día, cuando el Sibarels se encontraba al borde de la muerte le dijo a su mujer que sacara un sobre de su gabinete y se lo enviara a su representante cuando él falleciera.

Su mujer, obedientemente así lo hizo en aquel funesto día.

Terminados todos los deberes fúnebres, el representante se decidió a abrir el sobre que sólo decía “alzheimer”.

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