Las horas que duran


El eco de silencios apagados ilumina la habitación, mientras que las corbatas de laso simple, pero con nudo doble, ciñen melosamente las muñecas y los tobillos de una estrella soleada.

Una estrella de mar que flota inerte sobre una sábana azul oceánica por lo profundo de sus humedales, que un bravo oleaje ya ha hecho descansar generosamente, mientras que esas corbatas celebran su agotador triunfo, el triunfo de la tempestad de las horas de los amantes que duran como antes.

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