La caja de galletas


Cada vez que meto la mano dentro de la caja de galletas siento unos dedos largos y ásperos, las galletas para perros que tanto gustan a mis cánidos. Esa sensación la he odiado siempre.

Esta vez cometí un grave error. Metí la mano sin encender la luz, y a través de esa oscuridad aquellos dedos largos y ásperos sujetaron mi mano y me jalaron dentro.

No sé dónde estoy, ni siquiera puedo gritar, pero de una cosa estoy seguro, esa no es mi respiración.

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