Dulce libélula


Llevas mi nombre en tu sangre y si gritas mis vocales, mi consonantes te han de estremecer. Vuela alto, vuela lejos, que mi sombra no te alcance, pero déjame jugar con tus cabellos aterciopelados de besos sin misericordia. Tus alas me enloquecen, me llevan a tus mundos prohibidos, tan oscuros como luminosos, dónde todo es…

Uñas rojas


Tu color rubí escarlata de rojo incandescente, insoportablemente indecente. Un pelo de fuego que derrite mis ojos, que sólo descansan en tus sanguinolientos labios voluptuosos y llenos de sensaciones innombrables que terminan con tus uñas clavadas en mi piel, entre tus gritos y los míos.

Eso que tiene la música


Cuánto sentimiento que viaja por el éter, cuántas frecuencias cuyos hilos estremecen mi alma. Una licuosidad que emerge de mis ojos, una esperanza que se redibuja en mi nostalgia. Cuánto sentimiento que anda suelto, cuántas veces he de robármelos. Unas gotas inesperadas de grietas emocionales, unos cánticos entre dulces y salados. Eso que tiene la…

El problema con los pezones


Es que los pezones no sólo roban miradas, es que cuando están erectos arrancan los ojos de sus cuencas y ya no queda nada más por admirar. El dicho sólo tengo ojos para tí se vuelve literalmente trágico y agónico, con esa agonía que se vuelve sed y locura. La ceguera femenina emerge cuál emperatriz,…

Introspección


Ayer no pasé por tu casa, estabas escondida entre mis sábanas y abusabas de mis pesadillas. Ayer no pasé por tu casa, porque estabas embadurnada de mis emociones y te resbalabas sin caer ni levitar. Ayer no pasé por tu casa, tú ya vives en la mía.

Grimorio carnoso


El casto monje loco por fín terminó de tatuar todo el grimorio sobre la piel de la docella, pura y virginal como una paloma en un nuevo amanecer. Para concluir su obra faústica era necesario conocerla y así acometió su ruin trabajo, el que concluyó con felicidad al tiempo que terminaba de recitar entre las…

Exploraciones digitales y analógicas


Ya sabes, ya lo sabes, mis dedos son los grandes exploradores de tu cuerpo, tanto es así que bien podríamos decir que conocen hasta tu alma. Y qué decir de esas noches bajo las estrellas de tus sábanas, donde casi perdidos, encontraron su refugio entre tus encantos, rinconcillos perfectos para descansar y merendar. Ah, pero…

Ay pobre de mi


La mujer que amo, sabe que la amo y que sólo quiero darle alegría a su cuerpo, ey noche buena. Pero sabe que podría partirla en dos, sin querer queriedo y que el simple roce con fruición podría hacer hervir su sangre. Mejor me calmo, me pongo mis lentes y me voy a hacer otro…

Oh, perversa poesía


Los poetas no muertos Traducen los groseros y a veces soeces murmullos de las musas héterosensuales faltas de afectos corporales En melifluas palabras de nuevos afectos y salamerías variopintas Cuyo real y esplendoroso propósito no es afectoreproductor sino el perverso silencio que luego le sigue en teléfonos y nombres olvidados.

Sólo tú


Tú eres mi ser, mi serendipia, mi limerencia. Tu presencia inefablemente etérea para mí, tiene un perfume melifluo, que en este preciso arrebol con tu iridiscencia es un momento inmarcesible, que acaba con mi elocuencia y lo vuelve una efímera locura pasional de otrora época del buen olvido.

Las Músares de la Suerte


Ante la apatía, la ignorancia y la “huequedad” (del castellano hueco, sinónimo de vacío, condición de falta de inspiración), las musas formaron un nuevo gremio llamado LAS MÚSARES DE LA SUERTE. Así, sin más, al ver a un pobre mortal, lanzan una moneda al cielo y si al caer sale sello ya está. La musa…

Esos labios carnosos


Recuerdo el Nirvana, por su esplendor O sería el Valhalla? Por las guerras sin fin. También podría ser el sabor de tus besos. Zen, debo volver a ser uno en tí. Esperanza de un nuevo amanecer entre tus labios, en una cálida caricia al despertar.

Ni cerrando los ojos


Fue tan sólo un momento Que no detuvo el tiempo Pero lo volvió más lento. * Mis ojos tuve que cerrar Para no sucumbir a tu esplendor Y así volverme a enamorar. * Sin embargo la sombra de tu ala angelical me rozó Allí mismo quede arrobado Y tu cruel Dios me amenazó. * Nunca…