Siempre habrá un motivo para celebrar


Allí quedo botado Sebastián, de ahora en adelante sus secuaces le dirían Pinocho, por lo del brazo de madera y mentiroso. No vivió muchos años más, su situación lo llevó al suicidio y ese día Clarisa lo celebró con una gran orgía demoníaca. No pudo ser mejor. Anuncios

El culpable de todo al fin era castigado


Al fin pudo ver sufrir a ese maldito que abusó de ella por diez largos años. Su brazo era un simple palo enjuto mientras se retorcía de dolor. – Mátalo! – No mi niña, ese sería un premio, uno que no se merece. Ninguna prótesis le servirá a su muñón de madera.

Y siempre vestía de gris, sólo gris


Ella medía un metro sesenta y uno. De cabellos cafés, tipo melena desgreñada. Sólo su mano izquierda tenía uñas pintadas, la mayoría negra y una roja. Tenía un aro de gato en la oreja izquierda y la terminación de unos cuernos tatuados en su espalda-cuello.

Rodeada de demonios


Sus demonios no la dejaban ni a sol ni a sombra. En la estación del metro, el más grande se bajó a las vías mientras el tren se aproximaba. Hubo tres muertos y más de cuarenta heridos. La bestia sólo se reía, pero nadie más la veía. Ella resultó ilesa, como siempre.